DISFRUTA DEL OTOÑO EN LA ISLA DE CERDEÑA

Si deseas viajar a Cerdeña y quieres evitar las playas aglomeradas. Si lo que buscas son los lugares tranquilos y solitarios, la mejor época para visitar la isla es, sin duda, el otoño. En My Way rutas en coche encontraras un planing para disfrutar de la isla, igualmente te dejamos unos cuantos consejos para un otoño viajero.

El otoño es la mejor estación para viajar a Cerdeña alejándose de los senderos más frecuentados y descubrir los rincones más secretos y salvajes de esta isla arcaica. En estos meses disfrutarás de un tiempo agradable, que en la costa no bajará de los 15 grados.

En esta estación podrás degustar los exóticos erizos de mar, recién pescados. Y para los que gustan de la naturaleza incontaminada, donde la presencia humana es muy discreta, podrán disfrutar de unos itinerarios que concilian el encanto de la costa con los territorios salvajes del interior.

Es la mejor época para pernoctar y cenar en  Bed and Breakfast y Agriturismos donde seréis acogidos con cordialidad y os ofrecerán, a un precio moderado, los platos y los vinos típicos de la zona. Visitar una región es conocer las personas que la habitan y charlar con ellas, porque el paisaje es también humano y los hombres son los hijos de su tierra, aún más en una isla.

Si vas a viajar a Cerdeña en otoño, os proponemos una ruta especial, centrada en la riqueza de sus tradiciones artesanas, de su gastronomía y de lo verde, eso sí, con el trasfondo del mar, contemplado desde la distancia.

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VIAJAR A CERDEÑA EN OTOÑO

1ª parada, Porto Torres. Puedes coger el ferry que sale de Barcelona y que tras una agradable travesía de doce horas te deja en Porto Torres, en la provincia de Sassari. ¿Lo más interesante? El puerto, que conecta a la isla con el resto de Europa, y la Iglesia románica de San Gavino, del siglo XI, la más grande de Cerdeña con sus más 58 metros de largo y más de 17 de ancho, y una de las más importantes de Europa en este estilo. En la cripta yacen las reliquias de San Gavino, un mártir del año 303 d.C -en tiempos del emperador Diocleciano- y que cada Semana Santa sale en procesión.

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Assinara. Caminando o en bicicleta hacia un cerro, la inevitable vista al mar nos descubre una isla, Assinara, de 52 kilómetros cuadrados, que es parque nacional desde 1997 y hacia a la que cada 20 minutos sale un ferry del puerto de Stintino. ¿Su originalidad? En ella viven unos burros blancos albinos autóctonos únicos en el mundo que pastan a sus anchas y son atrezzo del paisaje, y hay otro dato imprescindible: antiguamente había en Assinara una cárcel en la que estuvieron recluidos algunos de los presos más peligrosos del mundo. El lugar encierra una historia macabra, por lo que algunos llaman a Assinara “la Isla del Diablo”.

Castelsardo. A treinta kilómetros por carretera al este de Puerto Torres está Castelsardo. Callejas empinadas y estrechas, balcones de forja, flores que caen en cascada, mujeres que dejan su casa entreabierta con su cestería artesana de colores bajo la puerta. El ascenso a pie lleva hasta su castillo, hoy día un centro de artesanía en cestería.

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Alghero. Recreándonos en el contoneo de las aguas del Mediterráneo más evocador, el camino nos conduce hasta otro punto de la isla: Alghero. Se trata de una ciudad amurallada, con su puerto deportivo frente al mar y bastiones, torres y un estilo de arquitectura gótico- catalán implantado por los aragoneses que certifica su pasado hispánico.

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